Instrucciones para ir por tierra hasta Buenos Aires; un largo viaje en moto por Suramérica

Setiembre 24th, 2009 by viajandoconiaki

Una ventaja de hacer turismo en vehículo propio es que se va donde se quiere. Así, cuando los circuitos turísticos no son lo que prometían los catálogos, uno se sube a su nave y arranca.

Sin embargo, es importante conocer de antemano el recorrido o, al menos, tener un destino final y la fecha estimada de regreso, contar con un presupuesto, llevar toda la documentación requerida y estar preparado para cualquier eventualidad.

En todo caso vamos a ir por partes, ya que nuestro continente está surcado de arriba abajo por la famosa vía Panamericana, la ruta más directa.

En Ecuador

Otavalo: Famoso por su mercado indígena de los sábados y sus paisajes con lagos y volcanes nevados, ideales para caminatas.

Quito:Tiene el centro histórico colonial más grande y mejor conservado, con numerosas y bellas iglesias y plazas, que vale la pena recorrer.

Ojo: Debido al mal estado de la Panamericana al sur de Quito es mejor tomar la carretera que va por la costa (carretera 30, vía Santo Domingo de los Colorados y Guayaquil) e ingresar a Perú por el paso de Huaquillas. Esta zona se caracteriza por sus enormes cultivos de banano, es muy caliente y algo monótona desde la carretera.

Guayaquil: La ciudad más grande de Ecuador, con un atractivo distrito comercial en torno del malecón.

Machala: ‘Capital mundial del banano’ y última escala antes de pasar a Perú. Se recomienda echar gasolina porque al otro lado es bastante más costosa. El cruce se hace desde Huaquillas a Tumbes (a esta población le va bien su nombre: tenga mucho cuidado con ladrones y cambistas de moneda avivatos).

En Perú

Zorritos y Máncora: Muy cerca de la frontera se encuentran estos pueblos costeros muy pequeños pero de moda en todo Perú gracias a sus playas formidables y comida aún mejor. El cambio de paisaje es abrupto, desaparece la vegetación y de aquí hasta Santiago de Chile prácticamente sólo hay desierto.

Trujillo: Desde esta ciudad grande se parte al complejo arqueológico de Chan Chan, capital del imperio chimú. Cinco kilómetros al sur se encuentran las huacas del Sol y la Luna, las pirámides de adobe más grandes de América.

Huanchaco: Este pueblo turístico muy cerca de Trujillo es la cuna suramericana del surf (se pueden alquilar tablas elaboradas en caña), tiene buena infraestructura hotelera y muy buena comida de mar. ¡Mucho ojo con el ají picante, el más bravo de todo el recorrido!

Lima: A la capital hay que dedicarle varios días para recorrer el centro histórico, los numerosos museos y los complejos comerciales en los barrios de San Isidro y Miraflores. Aconsejable un atardecer en los restaurantes cerca del Muelle de los Suspiros, en el barrio Barranco. También hay una buena oferta de hoteles en las playas al sur de la ciudad (Punta Hermosa, por ejemplo).

Nasca: A pesar de que la Panamericana pasa por todo el medio de las míticas líneas, éstas sólo se dejan apreciar bien desde avioneta. Son 50 dólares por persona bien invertidos, aunque hay que llevar bolsita para el mareo. De aquí parte la carretera más adecuada para subir la cordillera a Cusco, Machu Picchu y el lago Titicaca, pero ese es otro paseo.

Arequipa: Continuando al sur por la Panamericana, y desviando unos kilómetros hacia occidente, la ‘Ciudad Blanca’ ofrece una vista espectacular de volcanes nevados.

Tacna: Última etapa antes de cruzar a Chile. Posee un centro muy acogedor y verde, que contrasta con el desierto que la rodea. Ofrece una vida comercial agitada con almacenes libres de impuestos y muchísimas tiendas con artículos pirata, especialmente ropa y gafas ‘de marca’.

En Chile

Arica: Queda pegadito a Perú, con una zona peatonal activa y muy agradable. Con tiempo se recomienda subir al Morro, una piedra con vista sobre el Pacífico. Se puede hacer el paseo al lago Chungará, más alto que el Titicaca. Ojo, aquí hay que tanquear porque por la Panamericana la próxima estación de gasolina está a más de 200 kilómetros.

Iquique: Puerto, balneario y zona libre de impuestos, con un gran contraste entre el océano turquesa y los cerros desérticos que la rodean. En lengua aymara ‘iq ue iq ue’ traduce descanso y tranquilidad.

Calama: Sitio de la mina de cobre más grande del mundo. Aquí se toma una ruta más directa, vía San Pedro de Atacama - Salta - Buenos Aires, que vale la pena ya sea de ida o de regreso.

San Pedro de Atacama: Queda alejándose de la Panamericana hacia el oriente. Epicentro turístico con excursiones a los géiseres del Tatio y al Valle de la Luna (el sitio más seco del desierto más seco del mundo). Tiene numerosos hoteles y buenos restaurantes.

Es la última escala con gasolina antes de subir a 4.800 metros de altura y cruzar a Argentina por el paso de Jama. ¡Tenga cuidado con las llamas y las alpacas que saltan a la vía!

La Serena: Si se continúa al sur por la Panamericana, se llega a la Serena, sobre la bahía de Coquimbo. Allí, se encuentran bellísimas playas y ambiente de vacaciones. De ese punto parte la carretera hacia el valle de Elqui, epicentro místico y astrológico, famoso por sus telescopios.

Santiago de Chile: Llegando a la capital, el paisaje se vuelve más verde y se ven viñedos y cultivos de frutas. La ciudad es moderna, limpia y ordenada, y merece varios días para disfrutar sus restaurantes, museos, parques, centros comerciales y vida nocturna.

Aquí es necesario despedirse de la Panamericana para tomar la ruta 60 al paso de los Libertadores y cruzar los Andes hasta Argentina.

Argentina

Mendoza: La llegada desde el túnel de Los Libertadores es impactante ya que la carretera, con sus innumerables ‘caracoles’, pasa frente al legendario Aconcagua y desciende abruptamente a las generosas planicies del Chaco. La ciudad es famosa por el vino, sus centros de esquí y las excursiones a los picos más altos del continente.

Córdoba: Alejándose de la cordillera, el paisaje se vuelve cada vez más plano y monótono. Esta es la segunda ciudad más grande de Argentina y un importante polo industrial. El centro histórico tiene un extenso paseo peatonal.

Salta: Si se cruza desde Chile por San Pedro de Atacama, esta bella ciudad ofrece un ambiente único de naturaleza, descanso y gastronomía. De aquí parte el Tren de las nubes, que remonta la cordillera. Si el presupuesto no aguanta, se recomienda por lo menos subir al mirador del cerro de San Bernardo, ya sea en teleférico o a pie.

Buenos Aires: Esta ciudad es inagotable. Cuna del tango, y con 13 millones de habitantes, ofrece al turista infinidad de planes. Vale la pena vitrinear por la zona peatonal, visitar el Museo Malba, tomarse la foto en La Boca, remar en el río Tigre, cruzar en ferry a Montevideo, tomar vino en Puerto Madero y pasar un domingo en los parques de La Recoleta, por mencionar unos pocos programas.
Aquí, hay que tomar un merecido descanso, porque son por lo menos ¡7.500 km de regreso hasta Colombia!

Tenga en cuenta al organizar su travesía…

Más que plata, hay que ahorrar tiempo de vacaciones, ya que en la Panamericana cualquier día adicional es una aventura más. En este sentido, y para que el paseo no sea solamente un cuentakilómetros, lo ideal es disponer de dos meses, ya que la sola conducción para el viaje redondo se lleva unos 30 días.

En cuanto a plata, una manera práctica de establecer y controlar el presupuesto es calcular un tope diario de gastos. Deben incluirse, además de la comida y la dormida, las entradas a atracciones, las llamadas telefónicas y los cafés Internet, la gasolina, los peajes, los repuestos del vehículo y los parqueaderos.

Se recomienda separar un rubro para imprevistos, que suele ser el 10 por ciento de lo que vale el viaje, y no llevar toda la plata en efectivo. Para eso están las tarjetas débito o crédito y los cheques viajeros.

Si se viaja en grupo, es ideal que todos lleven más o menos el mismo presupuesto, ya que puede resultar incómodo separarse cada vez que toque pagar un almuerzo o un hotel.

Hay que evitar molestias y contratiempos del cuerpo y del vehículo

Para ir y volver en una pieza, es recomendable una rutina de entrenamiento al menos un mes antes de la partida, que incluya pesas, fondo (trotar o bicicleta) y estiramientos. También es necesario conseguir un buen seguro médico y de viajes con cubrimiento en todos los países que se van a visitar y llevar un botiquín.

En viajes largos las enfermedades más frecuentes son del estómago, insolaciones (a usar bloqueador solar, gorra, gafas y ropa adecuada) y molestias ocasionadas por las largas horas de conducción (rodillas y espalda principalmente). Una estrellada o caída de la moto es una posibilidad alta, que se puede reducir, no obstante, con una conducción prudente y descansando mínimo cada tres horas.

En cuanto al vehículo, es clave que se le haya realizado una revisión completa. Lo ideal es tener conocimientos básicos de mecánica para solucionar los problemas más comunes (pinchazos, recalentadas, etc.) Hay que abrir un espacio en el equipaje para lubricante, filtros, masilla epóxica, cinta aislante, tuercas y tornillos, cables, bombillos, líquido de freno y refrigerante. Si no se tiene la menor idea de mecánica es aconsejable llevar a mano los teléfonos y las direcciones de los concesionarios de la marca del vehículo a lo largo de la ruta (Internet es un medio muy útil).

El inmamable papeleo

En nuestro continente, a pesar de tener el mismo idioma, religión, cultura e historia, las aduanas se esmeran en poner trabas a la libre circulación de personas y vehículos. En teoría, para recorrer el continente sólo se requiere pasaporte vigente. No obstante, de acuerdo con el país al que se ingresa (y según las pulgas de cada funcionario de aduana) es indispensable llevar:

Pasado judicial (versión física). Lo piden en Ecuador, apostillado; este trámite se puede hacer en los cruces fronterizos.

Cédula de ciudadanía.

Certificado de vacuna de fiebre amarilla.

Importante: en cada paso por aduana debe sellar el pasaporte (a la salida y entrada). También hay que llenar la tarjeta andina de migración.Ojo, la copia no se puede botar ya que a la salida de cada país toca entregarla, y si se extravía le pueden clavar una multa en dólares (en Ecuador).

Para que el vehículo (carro o moto) pueda cruzar fronteras hay que comprar la libreta de paso de aduanas, una cartilla verde con hojas desprendibles que en cada cruce deben ser llenadas y selladas, al entrar y salir de cada país. La expide el Automóvil Club de Colombia y vale $ 344.000 para afiliados y $ 610.000 para no afiliados.

Para el ingreso a Chile se requiere una importación temporal del vehículo, un trámite dispendioso que se adelanta en la aduana con un formulario que venden ahí. En principio, se trata de una colección de sellos sobre un papel, cuya copia debe ser devuelta a las autoridades chilenas a la salida del país. En Chile también solicitan el SOAT colombiano.

¡Hola, mundo!

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